viernes, 20 de junio de 2008

20 de junio de 2008

Por aquí estamos de nuevo.
Creo que ya es hora de que comience a hablar sobre mi experiencia en el Sahara.
(El Cabildo todavía no ha ingresado y no puedo empezar a trabajar, brrbrbrbrbrr)

Corría el año 2007 de nuestra era.......

Como todo, comienza de forma casual y con mucha ilusión. Me encontraba una tarde
en la productora Ríos TV, de Santi y Teo ( perdonen ustedes, los interesados, que utilice vuestros nombres de pila, pero la confianza da asco), y de repente me sueltan "Vete preparando las maletas que nos vamos al Sahara", yo, como siempre me apunto a todo desde el minuto uno. Junto a mí, había sido anunciado de lo mismo mi amigo, gran editor e infógrafo y "sonidista" David Betancur, conocido en su círculo cercano como "El Colombia", que por cierto también se apuntaría a un bombardeo.

Al principio mi reacción fue de viaje a lo desconocido, al medio del desierto y a un campamento de refugiados. Casi nada. Y además sin saber lo que nos íbamos a encontrar.
Los Saharauis, que poco sabemos de ellos, yo reconozco, no una ignorancia, pero si un gran olvido colectivo sobre la situación que viven los Saharauis hoy en día, o por lo menos en ese momento tenía un gran desconocimiento, ahora no soy un experto, pero conozco la situación en profundidad, me he informado durante el último año hasta el punto que Lina no para de repetirme que estoy obsesionado, quizás lo esté, pero es un tema que me atrapó, me enganchó de una manera muy fuerte desde el principio, sino pregúntenle a Tony que bastante le he comido la cabeza, pero a él le encanta, es un soñador, como yo.

Quiero contar tantas cosas que sé que me atropello y mezclo esto con lo otro y luego sale un popurrí que es lo que ustedes leen. Antes de comenzar a relatar el viaje me gustaría que leyesen esta carta que adjunte con el proyecto que me han premiado "El pueblo olvidado", de todas formas, aquí va el homenjae a mis compañeros en este primer viaje al campamento de refugiados de Dajla, Tindouf (Argelia).


Teodoro Ríos, Santiago Ríos, David Betancur y yo .......... los de la fila de delante eh!!!


Cuando tenía siete años descubrí en la librería de mi casa una revista de National Geographic que hasta entonces había pasado inadvertida para mí, al igual que el resto de los libros. Aquella vieja revista, que mi padre había traído de Nueva York cuando estuvo un año trabajando en esa ciudad, estaba fechada en junio de 1976. Para mí fue uno de los mejores descubrimientos que hice en muchos años entre aquellos cientos de libros que inundaban mi casa. La cogí con celo y me la lleve a mi habitación, pasear por aquellas páginas avivó, más si cabe, mis deseos de aventuras y viajes fantásticos. Al principio sólo pude aprovecharme de sus imágenes, ya que estaba editada en inglés, pero sentir lo que aquellos fotógrafos aventureros tenían que absorber en esos viajes sembró en mí una semilla que germinaría años más tardes cuando descubrí que yo sería capaz de manejar una cámara de fotos y quien sabe si algún día viajar a un lejano país y descargar mis carretes sobre todo lo que me rodeara.
Con el tiempo fui dejando que todo transcurriera de forma normal, mi primera cámara, me la regalaron en mi Primera Comunión y era una Kodak Instamatic. Con ella me convertí en el reportero oficial de mi barrio, fotografiaba todo lo que se movía, las calles de mi barrio en Candelaria, a nuestro equipo de fútbol, El Magdalena, a nuestras mascotas, en fin, que empecé a cogerle el gustillo a eso de apretar el botón, siempre, claro, hasta que mi padre me llamaba la atención por gastar tanta película.
Recuerdo las esperas interminables hasta que tres o cuatro días después de llevar el carrete al laboratorio llegaban a mí aquellas imágenes impresas en papel. Nos reuníamos todos en un coro mientras nos pasábamos las fotos y las comentábamos, creo que aquellas tardes han quedado en la retina de todos los niños de mi barrio, ahora adultos en sus mundos.
Estudié imagen y sonido y en esos momentos todo parecía endeble a mi alrededor. Yo no quería acabar como Antonio, el del laboratorio, sentado detrás de un mostrador esperando a que un mocoso viniese a revelar sus carretes. Yo creía que la fotografía se merecía algo mejor. Pero no fue hasta 1991 cuando me presté voluntario para colaborar con un acontecimiento novedoso que se celebraba en la isla. Ese año nació la Bienal Internacional de Fotografía, FOTONOVIEMBRE 1991. Y así llegó mi señal. Tener la oportunidad de conocer a fotógrafos como Alberto García-Álix, Humberto Rivas, Bernard Plossú y tantos otros que ocupan las primeras planas de la fotografía artística nacional e internacional fue todo un acontecimiento. La puerta se abrió de repente ante mí. Había encontrado la fórmula para hacer grande la fotografía. Ahora solo me quedaba llegar al nivel de estos maestros. La tarea no es fácil pero nos hemos puesto a ello.
Una vez que ya supe lo que quería hacer comencé un camino que aún sigo atravesando y del que no sé en que punto estoy, sólo sé que hay una dirección en la que caminar y yo camino.
Desde que se inventó la fotografía en 1826, han habido muchos cambios. Para mí siempre ha sido un arte, algo mágico, ver en el laboratorio como poco a poco va apareciendo una imagen sobre el papel es algo realmente increíble, sólo el que ha estado esperando pacientemente ese minuto y diez segundos en que empieza a dibujarse la imagen sabe la emoción que se siente en ese instante, y no sólo me ocurrió la primera vez que revelé una foto, sino que me pasó hasta la última. Y aunque la fotografía está al alcance de todos, al igual que unos pinceles y óleos para pintar sobre un lienzo, no es fácil hacer arte o contar algo con ella. Cuántas veces he oído “eso lo hace cualquiera” si, realmente cualquiera pude coger una cámara y disparar apretando el botón pero no cualquiera puede contarnos algo con una imagen y creo que en las últimas décadas esa ha sido la gran lucha de la fotografía y por fin se ha conseguido, ha cogido el prestigio que se merece y ya es considerada y bastante bien en cientos de galerías de arte en todo el mundo y ya son muchos los coleccionistas que compran imágenes.
Este es mi discurso sobre la fotografía y el arte. Creo que dentro de cada persona hay un artista que tiene alo que decir sólo hay que buscarlo y el día que menos pensemos estaremos contando algo, haciendo arte.
Yo, por si acaso, he dejado mi vieja revista de National Geographic en mi pequeña librería , quizás algún día mi hija la coja y sienta el caudal de vida que me transmitió a mí .



David Olivera.
Santa Cruz de Tenerife
17 de julio de 2007

1 comentario:

José Antonio dijo...

Macho te felicito.
Me acabo de leer tu blog entero, y me gusta como escribes. El resumen de la historia del Sahara es bueno y facil de entender asi que voy a recomendar tu blog.

Un beso, personaje. Me encantó compartir contigo mi primera visita a los campamentos
Jose A. B.